Dedíquese a los demás


Si ha perdido un hijo, esfuércese al máximo por salir de su casa, visitar a otras personas, aunque le cueste. En estas circunstancias, de nadan valen frases como "!solo yo entiendo!" o "mi vida perdió su alegría y su razón de ser" ; esto no solucionara su problema ni le devolverá a su hijo. Con seguridad, a ellos, que están del otro lado, no le gustaría verlo derrumbado, en un eterno valle de lagrimas. !La alegría de los hijos es ver a sus padres felices!

Ocúpese en algo que lo haga sentir útil a los demás. Colabore con alguna institución de caridad u obra de su Iglesia. Esto le devolverá el amor por la vida y, en especial, por otras vidas que luchan por no morir en el abandono y la miseria.

 


Haga ejercicio y aliméntese bien

 



Uno de los caminos inevitables con destino a la depresión es la vida sedentaria y mal alimentada, luego de la perdida de un ser querido. Hay padres que no dicen nada, pero se quedan en casa y no se alimentan bien. Entran en una espiral depresiva y no logran reaccionar.

Si un automóvil necesita batería cargada para andar, de la misma forma usted después del shock, de la perdida de su hijo, necesita energía y fuerza para luchar contra el sufrimiento. A su alrededor hay muchos que dependen de usted: su esposo o esposa, sus otros hijos, sus amigos y colegas de trabajo. Esa energía y esa fuerza viene de una alimentación sana, equilibrada y de ejercicios regulares.

Acostúmbrese a salir de vez en cuado a caminar, aunque sea un poco, esto pondrá en orden sus pensamientos. Su mente se vera inundada de nuevos paisajes y la ceniza del dolor que cubre sus ojos, paulatinamente, cederá su lugar al brillo de un amanecer o una puesta de sol.

Un cuerpo sano fácilmente proporciona una mente sana. Existe incluso un proverbio popular que dice; "costal vacío no se tiene en pie". Usted, para no caer aun mas, no sucumbir al peso de la desesperación, necesita alimentarse bien y hacer ejercicio con frecuencia. Perder a alguien enferma el alma, y del mismo modo como tratamos las dolencias físicas podemos y debemos cuidarnos de los posibles focos de enfermedad de nuestro espíritu.

 

 

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