Cuando en la vida las cosas suceden de manera contraria a lo que nosotros desearíamos; cuando se hace presente el dolor, el sufrimiento, la crisis familiar, el problema económico, la calumnia que hace pedazos nuestra reputación... cuando el sentido de fracaso, de soledad, de incomprensión se apoderan de nuestro corazón, debemos saber levantar nuestra mirada mas allá de lo que alcanzamos a percibir con nuestra mirada... Dice el antiguo adagio oriental: Cierra los ojos, y veras. Haz silencio y escucharas.

Mientras en la superficie del mar se debaten las olas, unos cuantos metros abajo todo es calma... Entra en ti mismo y permítele a Dios tomarte en sus amorosos brazos, consolarte en tu tristeza, alentarte en tus fracasos, fortalecerte en tus caídas... abandónate en Él.

Esto puede sonar a palabrería hueca o a frase trillada. Es cierto. Bueno, le cedo la palabra a Yizzy, una joven que murió de cáncer en los huesos a sus 17 años, y que en su interior supo encontrar el sentido y valor de su prematura muerte. El amor de Dios vibro de tal manera en su joven corazón que supo hacer una amorosa ofrenda de su vida. De ella es la oración que a continuación te comparto.

Fray Fernando Rodrigues

 

 

 

   

Padre, tómame por tu cuenta

y haz de mi lo que quieras

que te sea útil en lo que te plazca

en empresas bellas o difíciles,

en trabajos de honor o de silencio,

entre multitudes o en soledad;

pero solo para ti porque te quiero .

Quiero amarte en cada latido de mi corazón

Quiero decirte que te quiero en cada respiración

Quiero que cuando me veas sepas que soy tuya

que estoy totalmente abandonada en tus brazos.

Quiero que cuando quieras mirar a tu Hijo ,

entonces me veas a mi.

Jesucristo es mío, y te lo voy a entregar

como prueba de que soy tuya

ahora y en la eternidad.

Amén

Yizzy
 

   

 

 

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