Señor, hoy vengo de rodillas a tu templo,

para darte las gracias por habitar en mi vida.

Gracias . . . por quitar la venda de mis ojos y,

ordenar mis sentidos para poder ver tus maravillas.

Gracias por ser el Capitán de mi barco,

y remar a mi lado contra el viento y la marea,

Gracias porque tus brazos me sostienen,

para poder vencer las tormentas de esta vida.

Gracias por estar siempre a mi lado,

en momentos de dolor y de tormento,

haciéndome saber que eres mi Padre y,

la luz que alumbra el sendero de mi vida.

Mary Torres
 

 

 

 

 

 

 

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