Cuando quieras llorar tu triste soledad
y no tengas un hombro en el cual desahogar.
Cuando el pesar te agobie y ya no puedas mas,
por favor, llámame, que yo allí quiero estar.

Cuando ya sin salidas hundiéndote estés
y no haya manos a las cuales tomar,
cuando el dolor te haga sufrir hasta mas no poder,
por favor, llámame, que allí quiero estar.

Cuando no haya en ti fuerzas ni para existir
y tu corazón sufra la imposibilidad de soñar,
cuando a nada en la vida le encuentres sentido,
por favor, llámame, que allí quiero estar.

Quiero brindarte mis hombros, mis oídos, mi voz
mis manos, mi fuerza, mis sueños, mi fe.
Puesto que Dios, mi dulce y amado Dios,
para ello me llamo, me dio vida y me creo.


 

 

 

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