Es patente que las cosas buenas de la tierra no pueden saciar el ansia de felicidad de los hombres, entre otras cosas porque todo lo terreno es efímero, pasa y dura poco. Además, vemos que aun en los mejores momentos lo gozoso se mezcla con el dolor, y la muerte vuela silenciosa sobre todo lo humano diciendo que es efímero. Será absurdo el deseo de felicidad que anida en el corazón de todo ser humano? No lo es. La felicidad a la que aspiramos no reside en esta tierra, sino en la vida futura donde la muerte y el dolor han desaparecido, y donde se puede gozar del Bien absoluto que es el mismo Dios -Amor absoluto y meta de todas las ansias del corazón lo conozca o no-.

La Sagrada Escritura es muy clara sobre la salvación de los justos -los que mueren en estado de gracia-. Ya el profeta Daniel dice que tras la muerte "Estos (los justos),van para la vida eterna: aquellos (los pecadores), para oprobio, para eterna ignominia (Dan 12,2), pero el Nuevo Testamento es mucho mas claro en este punto pues dice que el que escucha mi palabra (de Jesús) y cree en el que me ha enviado tiene la vida eterna y no incurre en sentencia de condenación, sino que ha pasado de la muerte a la vida . (Jn. 5,24). Veamos las características de esta vida:

1.-Vivir en intimidad con Dios. _Es una unión de amor en la que Dios nos enriquece con su propia vida "Y estaremos siempre con el Señor" . (1 Tes 4,17).

2.- Ver a Dios cara a cara._ Es una visión intelectual directa de Dios captando su verdad y su belleza en la medida en la que cada uno sea capaz de asimilar tanta luz y esplendor. "Amados, desde ahora somos hijos de Dios y aunque no se ha manifestado lo que seremos al fin : sabemos que cuando se manifieste seremos semejantes a El porque le veremos tal como es " (1 Jn 3,2). Ahora "Vemos por medio de un espejo en enigma, mas entonces conoceré plenamente, del modo que yo mismo he sido conocido" (1 Cor. 13,12). Para poder soportar tanta luz recibirá el alma de los justos una gracia especial llamada "lumen gloriae" que le permite no ser deslumbrada o cegada por tanta luz y felicidad muy superiores a la condición humana.

3.- Amar a Dios._ Conocer es fuente de gozo, pero amar lo es mucho mas, además nace del conocimiento tan claro del Bien absoluto que es Dios. Este amor no pasa ni decae jamás (1 Cor 13,8). Ya no es necesaria la fe sino que se ama y se es amado de un modo pleno. Cada uno vive este amor según su capacidad el mas santo ama mas, pero no existirán envidias pues el gozo llena. Cada uno tiene un contenido y no le importa que otro tenga un contenido mayor, es mas, le da alegría la justicia tan perfecta de Dios.

4.- Gozo._ Es consecuencia de todo lo anterior, pero vale la pena recalcarlo Jesús suele repetir la formula: "entra en el gozo de tu Señor" (Mt 23,21) y la de los bienaventurados.

5.- Eternidad. _Todo lo anterior seria imperfecto si estuviese destinado a desaparecer o estuviese amenazado por la muerte. "Granjeaos amigos con esas riquezas de iniquidad para que cuando os vengan a faltar, os reciban en las moradas eternas" (Lc 16,9). Conviene recordar que la duración en el cielo es diversa de la de la tierra que se mide por el tiempo, allí se vive la eternidad mas parecida a la eternidad de Dios que es la duración del ser inmutable.

A toda esta dicha se puede añadir la gloria accidental por la que los bienaventurados conocen y gozan en Dios de aquellas cosas buenas que les hicieron particularmente felices en la tierra.

“Los que mueren en la gracia y la amistad de Dios y están perfectamente purificados, viven para siempre con Cristo. Son para siempre semejantes a Dios, porque lo ven "tal cual es" , cara a cara”(Catecismo 1023). Es famosa la definición del Papa Benedicto
XII: “Definimos con la autoridad apostólica: que, según la disposición general de Dios, las almas de todos los santos ... y de todos los demás fieles muertos después de recibir el bautismo de Cristo en los que no había nada que purificar cuando murieron;... o en caso de que tuvieran o tengan algo que purificar, una vez que estén purificadas después de la muerte ... aun antes de la reasunción de sus cuerpos y del juicio final, después de la Ascensión al cielo del Salvador, Jesucristo Nuestro Señor, estuvieron, están y estarán en el cielo, en el reino de los cielos y paraíso celestial con Cristo, admitidos en la compañía de los ángeles. Y después de la muerte y pasión de nuestro Señor Jesucristo vieron y ven la divina esencia con una visión intuitiva y cara a cara, sin mediación de ninguna criatura (: DS 1000; cf. LG 49)”. Es muy hermosa la exposición del cielo como amor que une en una comunión perfecta. “Esta vida perfecta con la Santísima Trinidad, esta comunión de vida y de amor con Ella, con la Virgen María, los ángeles y todos los bienaventurados se llama "el cielo". El cielo es el fin ultimo y la realización de las aspiraciones mas profundas del hombre, el estado supremo y definitivo de dicha”(Catecismo 1024). Concretando mas. “Vivir en el cielo es "estar con Cristo". Los elegidos viven "en El", aun mas, tienen allí, o mejor, encuentran allí su verdadera identidad, su propio nombre " (Catecismo 1025). Por su muerte y su Resurrección Jesucristo nos ha "abierto" el cielo. No se puede recurrir a la imaginación ni a la experiencia para explicar el cielo, aunque a veces se alcancen grados altísimos de felicidad en al tierra. “Este misterio de comunión bienaventurada con Dios y con todos los que están en Cristo sobrepasa toda comprensión y toda representación. La Escritura nos habla de ella en imágenes: vida, luz, paz, banquete de bodas, vino del reino, casa del Padre, Jerusalén celeste, paraíso: "Lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llego, lo que Dios preparo para los que le aman"(Catecismo 1027). En el cielo no hay inactividad, sino vida intensa, por un lado amor feliz, por otro ayudar a los que viven libremente en esta tierra. “En la gloria del cielo, los bienaventurados continúan cumpliendo con alegría la voluntad de Dios con relación a los demás hombres y a la creación entera. Ya reinan con Cristo; con El "ellos reinaran por los siglos de los siglos”(Catecismo 1029)

Sacerdote Dr. Enrique Cases

Universidad Internacional de Cataluña
 

 

 

 

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