Por mucho que avancemos en este mundo, seguirá habiendo accidentes, seguirá llegando la muerte, seguirán los hombres sufriendo en el cuerpo o en el alma. Esta es una de las grandes certezas de nuestra existencia: la ciencia afortunadamente avanza y va recortando el campo de la enfermedad, hemos logrado prolongar en algunos años el promedio de vida humana, hemos inventado formulas para hacer mas soportable el dolor. Pero el dolor sigue existiendo, sigue existiendo la angustia, nadie a logrado alejar los dolores del alma. Al mismo ritmo en que logramos disminuir los dolores físicos, parecen aparecer nuevos dolores en el alma. Nunca hubo tantos matrimonios separados, tantos hijos prácticamente sin padre, nunca tanta gente vio desde la pobreza como los otros podían vivir espléndidamente, nunca se conocieron en la tierra tantas depresiones, tanta gente angustiada, tal numero de suicidios incluso entre gente joven. Y son muchos los que se preguntan ¿por qué el dolor, para qué el dolor?.

 Muchos, incluso, los que levantan los ojos hacia el cielo preguntándole a Dios por que sufren ellos, qué han hecho ellos para merecer ese dolor. A responder esas preguntas ha dedicado el Papa Juan Pablo II su documentos: Salvífici doloris. Un texto que es fruto de su experiencia en carne propia. Recuerda que hace 19 años y medio conoció el Papa en su cuerpo el efecto de la violencia cuando alguien intento asesinarle. En aquellos días desde el hospital donde estuvo entre la vida y la muerte, anuncio a los enfermos que un día haría un documento “Consolador” sobre el sentido del dolor humano. 

 Un documento que debería empezar a ser ya libro de texto para todos los enfermos cristianos. Que se dice en el ? Resumiéndolo mucho se explica que el dolor es el medio por el que el hombre puede participar en la labor redentora de Cristo. Para el cristiano el dolor es una gran pregunta que no tiene otra gran respuesta que la que Dios nos dio poniendo a su Hijo en un a cruz. El dolor no es un invento caprichoso de Dios. El dolor es un fruto del mal y del pecado (no del mal y del pecado de la persona, sino del mundo entero) y ese mal es contra  pesado por el dolor, el de Cristo en primer lugar y el de cuantos se unen a El en esta tarea de redención. EL enfermo no es, pues, alguien inútil, una carga para la humanidad. Es, por el contrario, el que mas aporta a la humanidad, el que combate en su carne la mas importante de las batallas, desde que Cristo, como dice el Papa, “Elevo el sufrimiento humano a nivel de redención”. Esta es la idea central de ese documento que yo los invito a leer y profundizar.

 P. Benito Ramírez Márquez

 

 

 

 

 

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