Señora: Vivimos en un valle de lagrimas. Pero yo se que esas lagrimas no son símbolo de amarguras, sino precio de felicidad. Los hombres a veces olvidamos que Tu también lloraste, que también las espinas del dolor maceraron tu carne de Virgen sin mancha. Olvidamos que con tu llanto cooperaste a la obra redentora de tu Hijo, y que con nuestras lágrimas hemos de limpiar el polvo de tantas miopes miradas para alcanzar la pura visión de Dios.

El dolor es fuente de sabiduría entre los hombres, y de gracia ante el Senior. El dolor es la espina de la rosa, el precio de la salud, el contraste de la felicidad, la paz de la guerra, el tributo de la gracia, la seguridad de la redención. Al dolor debemos todo lo que hay de bueno en los hombre, todo lo que da sentido a la vida. Al dolor debemos la piedad, el heroísmo, la virtud, porque bajo la férula de este maestro ha realizado el hombre todos sus progresos. Si "feliz culpa" fue la tragedia de nuestra naturaleza caída, feliz dolor será también el nuestro, si ofreciéndolo en satisfacción de tantas debilidades, sabe conducirnos al camino de la perfección.

Por eso, Señora yo se que mi ofrenda no es triste, y que las flores de mis angustias no empañan la hermosura de este día de celestial plenitud. Yo se que entre todos mis esfuerzos por lograr un homenaje digno de tu complacencia, ninguno ha de serte mas grato que la pleitesía de mi dolor. Porque se también que la vida no tiene dolores para quien comprende a tiempo su sentido. Y porque en la eterna batalla de la espina y la rosa, no desdeño la enseñanza de esa magnifica armonía de lo antagónico...Escucho y admiro la lección de la rosa: También el sufrimiento da alegría; no es llorar el sufrir; sufrir no es eso. Sufrir no es el pisar con rebeldía el hierro del rosal. Es vencer la porfía de bendecir la espina con un beso!



José María Sanches Ventura
 

 

 

 

 

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