¨Si sacrifico el tiempo en oración

y estudio por lo administrativo,

corro el peligro de que la oración,

mi vida de sacerdote, mi vocación,

mi palabra.....caigan en la rutina

y la mediocridad¨

 

 

 
      

                        

  

 

 

 

_El cuento nos hace pensar, que muchos dejan de ser creyentes, no por falta de tiempo sino por falta de ganas_ Mi afición por los cuentos y las fábulas me ha ayudado a entender mucho mejor el mensaje del Evangelio .Esta vez la historia se sitúa en la India. Había allí un monje penitente a quién todos le consideraban un santo, vivía en la selva, se sustentaba del fruto de los árboles y bebía del agua de los ríos. Tenía solamente una pobre túnica de saco y guardaba otra para cambiarse. Todo el tiempo lo pasaba en oración hablando y contemplando a Dios. Pero resulta que en la selva habían ratones y mientras el monje oraba y esperaba que su túnica se secase, los ratones la roían de modo que quedó inservible.
Había que hacer algo para que el monje siguiese orando y su túnica quedase a salvo. Los devotos de los pueblos cercanos que acudían a pedir el consejo y la bendición del santo penitente le indicaron el remedio: un gato...podría ahuyentar a los ratones. Le trajeron un gato y la túnica quedó a salvo. Pero al gato había que darle de comer. Le gustaba la leche y ésta ves los generosos devotos vinieron con una vaca. El problema es que la vaca también tenía que comer, por eso con la vaca le dieron al monje unos campos donde ella podría pacer. El monje solo tendría que cuidar de los campos, regarlos, abonarlos, cortar la hierba sobre todo preparándose para el invierno. Así que ordeñaba la vaca que daba leche para el gato, mientras éste espantaba a los ratones y la túnica de saco no volvió a ser roída.
El monje agradeció la generosidad de sus vecinos y cumplió lo que le indicaron. Pero un día, y ese día puede ser hoy mismo para nosotros, un día cayó en la cuenta de que ya no hacía oración. Se le iba todo el tiempo en cuidar del gato, de la vaca y de los campos. No tenía tiempo, ni tenía ganas. Se había convertido en un terrateniente y lo administrativo suplantó a lo espiritual. ¿Saben como terminó esta historia ?Pues resultó que los vecinos devotos dejaron de visitarlo, ya no buscaban ni su consejo ni su bendición, pues se convencieron de que ya no surtía efecto. No creo que sea difícil recoger la lección de esta historia. En lugar del monje penitente, me puedo colocar yo que no soy monje penitente, sino sacerdote; que no vivo en la selva, sino en un país súper desarrollado y estoy en una Parroquia donde no necesito del gato o de la vaca; pero hay muchas cosas administrativas de las que tengo que cuidar. El problema es que si sacrifico el tiempo de oración y estudio por lo administrativo, corro el peligro de que la oración, mi vida de sacerdote, mi vocación, mi palabra...caigan en la rutina y la mediocridad.
Y entonces los devotos feligreses, pensaran que no tengo mucho que dar o que decir, pues lo que digo no está respaldado por lo que hago y sobre todo se darán cuenta de que me falta contacto con Dios. Y en lugar del sacerdote podemos situar a cualquier católico o cristiano, para quien orar o ir a la Iglesia es perder el tiempo; cuando éste hay que emplearlo en otras obligaciones. El cuento nos hace pensar que muchos dejan de ser creyentes no por falta de tiempo, sino por falta de ganas y de entusiasmo, porque así lo quieren y así lo han decidido, como el monje de esta historia.  _ Si sacrifico el tiempo de oración y estudio por lo administrativo, corro el peligro de que la oración, mi vida de sacerdote, mi vocación, mi palabra caigan en la rutina y en la mediocridad_.

 

 

 

 ¨ El cuento nos hace pensar
que muchos dejan de ser creyentes
no por falta de tiempo
sino por falta de ganas.¨

 

 

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