Todos necesitamos descansar de la rutina, del trabajo diario, de la agitación y de las preocupaciones. Damos importancia al descanso del cuerpo o de la mente, pero nos olvidamos de buscar el descanso interior. San Agustín habla de la inquietud del corazón que solo puede encontrar paz, cuando descansa en el Señor. Un corazón en paz, sosegado, seguir... puede hacer maravillas. Y el mejor medio para encontrar descanso en el corazón es descansar en Dios: dejarse llenar de su Espíritu, dejarse llevar por su Palabra...Para lograr todo esto hay que orar. Así, tan sencillo como suena y tan difícil como resulta, a juzgar por las veces que tenemos tiempo para todo, menos para orar. Por no dar dos minutos intensos o media hora para hablar con Dios cada mañana, el resto del día nos vamos sintiendo cansados y vacíos... Nos convertimos asó en agitadas "Vacum -cleaners". ( Aspiradora ),que pasan por todos los lugares, llegan a todos los rincones de la casa, quieren lograr orden, limpieza, eficacia, éxito y terminan cansadas y vacías, dejando la casa lo mismo o peor que antes. El problema de estas aspiradoras es que les faltaba estar conectadas con la energía eléctrica. Si el cristiano no ora, sin darse cuenta se va vaciando, va abandonando su fe, y todo por falta de energía, de alimento y de sosiego para su vida interior y espiritual.
Buscar la paz o solo el orden
Orar, rezar es como hablar con el amigo. Es estar en silencio, sintiendo a Dios presente; es confiar en El, dialogar con El, escucharle. Un día me quedé solo en la Iglesia frente al sagrario. Estaba cansado, tenso, preocupado por mil detalles materiales .. Recé así: "Señor, dame paz. Haz que todo lo tome con calma". Guardé silencio y en mi interior sentí la respuesta de Dios: " Me pides paz , pero estás demasiado preocupado por el orden, la organización y la eficacia. la paz que yo te ofrezco es diferente al orden que tú buscas." Aquél rato de oración cambió mi día. Dios me convenció de que por más que uno se preocupe, solo, sin visión de Dios, no va a lograr nada... Va a seguir sin la paz interior, la del corazón. Hay quienes piensan o afirman que la " oración lo cura todo. Lo que hace falta es pedir con fe". Y si la curación no llega, dejan de rezar y pierden la fe. Es cierto que la oración, tal vez no lo cure todo, ni cambie las cosas, pero nos va cambiando a nosotros para buscar solución o curación a muchos problemas y situaciones. Podemos estar seguros que Dios siempre responde con amor a toda oración, que sale de un corazón sincero. Hablan de un rey, que cuando veía a su ayudante todo inquieto, tratándole de vestir precipitadamente, el rey siempre decía: "Vísteme despacio que tengo prisa". Es verdad que tenía prisa, que el tiempo estaba contado, pero la agitación poco o nada podía resolver. Cada mañana nos damos a la tarea de diseñar o planear el vestido que nuestra actividad tejerá en ese día: trabajo, entrevista, llamadas, reuniones, ventas, compras, negocios, éxitos, disgustos, contratiempos ... Como ven, se trata de un ropaje bastante complicado, variado y agitado ... Algo que siempre confeccionamos de prisa. Hay que ser capaces de hacer una pausa. Parodiando la frase del rey podríamos decir: "Ora despacio que tengo prisa". Precisamente porque tienes prisa, más razón y motivo para emplear un tiempo en la oración... Y porque oras serás capaz de cambiar tu prisa en calma y auténtica eficacia.
Orar sin cesar
Hay muchos que para quienes orar es perder el tiempo. A no ser que suenen los truenos o la tormenta... y entonces " se acuerdan de Santa Bárbara, de la Virgen María, de todos los Santos y sobre todo del Dueño de la vida"... hay quienes no acuden a Misa por falta de tiempo o más bien de ganas. Otros no rezan en familia por falta de ambiente. No oran individualmente por estar demasiado agitados... Y resulta que ninguno de ellos llegan a tiempo ni disfrutan verdaderamente de la vida. Precisamente por no dar tiempo a la oración. Nuestro cuerpo y nuestra mente pueden descansar tomando vacaciones, pero si no oramos, nuestro corazón seguirá vacío, sin paz y sin descanso. Es tan importante orar, que Cristo nos dice y repite: Oren sin cesar. Vigilen, estén alerta. No se dejen vaciar. Mantengan su contacto y familiaridad conmigo. Es tan importante rezar que la mayoría del tiempo que tenía Cristo lo pasaba orando, de día y de noche. Es tan importante rezar que precisamente la oración es fuente de vida, de energía, nos provee de una serie de resortes con los que podemos enfrentar los problemas de cada día. Es tan importante rezar, que en estos momentos prefiero callar, poner punto final a esta charla o columna, precisamente para eso: para orar, para dedicar unos minutos a experimentar lo que predico. Haz tu lo mismo, y verás la diferencia.   

 

 

 

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