Hay que ver el dolor como un camino

que no sabemos a donde nos llevará...

ni como terminará...El dolor es un

camino de silencios y vacíos, de preguntas

y rebeldías.

 

 

 

 

   

 

El título de esta reflección es un interrogante, igual que el mismo sufrimiento. Eso que todos lo llamamos dolor, nadie lo sabe explicar. Pocos lo aceptan y muchos se desesperan.
El dolor nos zarandea, nos hiere y nos hace gritar y pedir explicaciones : ¿Porqué me pasa esto a mi? ¿ ¿Que he hecho yo para que Dios me castigue así...?¿Porqué, ahora, cuando cuando soñaba con disfrutar mi trabajo, de mi retiro, de mis hijos o de mis nietos ... ?.Sólo quien sufre, sabe de dolores. Nadie puede entender el dolor de nadie. Es algo propio, único, diferente y exclusivo de cada uno. Por eso ante el dolor ajeno uno tiene que callar .
Es triste escuchar consejos baratos que no remedian nada. A veces hacen más duro el sufrir.
Ante el dolor ajeno lo mejor es orar, comprender, ponerse en el lugar del que sufre; estar a su lado, darle apoyo con nuestro calor y amor.
Es natural que gritemos haciendo preguntas. También Cristo en la Cruz le grita al Padre : " Dios mío, Dios mío, porqué me has abandonado".(Marcos, 15,34).Se siente solo y traicionado. Hasta sus mismo enemigos se burlan de El pidiendo que haga el milagro de bajar de la cruz, así creerían en todo lo que había predicado. Y después de su grito, Cristo calló, se puso en manos del Padre y nos entregó su Espíritu.
Pienso que nuestros gritos ante el dolor son desahogos naturales y necesarios. Buscamos ayuda. Hay que sacar fuera todo un mundo de resentimiento que nos desconcierta.
Nos sentimos solos y limitados . Nos vemos impotentes para cargar con la cruz de una enfermedad cruel y prolongada, con la tragedia inesperada, con el fracaso que nos aplasta. Hay muchas clases de dolores, pero todos hieren y nos limitan. El dolor puede cambiar nuestro estado de ánimo, nuestra personalidad. Nos puede dejar llenos de miedos y demasiado vulnerables ... No cabe duda que el dolor marca muchas vidas, para bien o para mal.
Por eso hay una gran diferencia entre los que ven el dolor como un castigo o los que lo aceptan como un camino. Cuando falta la fe, el que sufre se castiga a si mismo y el dolor se convierte en carga insoportable. Nos empeñamos en vivir solos y amargados, sin esperanza, sin ilusión por vivir o luchar. Hay que ver el dolor como un camino, que, por supuesto no sabemos a donde nos llevará, como terminará, ni quienes nos acompañarán en la ruta. El dolor es camino de silencios y vacíos, de preguntas y rebeldías. Hay una oración poema, que a veces me repito a mi mismo :

 

" Quiero pedirte Padre por lo que más yo quiero.
Es un niño rebelde que se defiende y lucha,
pero es un niño bueno.
Mírale Tú, Dios mío con tus ojos de Padre,
verás que es un buen niño ..."

 

El dolor puede ser camino duro y largo, demasiado duro, para recorrerlo solo, para cargar solos con la cruz. Un Cristo sin cruz es un sueño irrealizable y una cruz sin Cristo es carga insoportable. Lo ideal es hacer del dolor un camino, en el que no vamos solos.
Cristo puede ser nuestra mejor compañía. El va a tu lado. No le pidas explicaciones. Tampoco te desilusiones, si el milagro que esperas, no llega. Deja que te acompañe.
Más que decirle ... ¿Porqué? ¿Hasta cuándo? ¿Cuál será el final? dile ... ¿Como podré sobrellevarlo o salir de esto ... ? Con Cristo Resucitado, mostrándote las llagas de sus manos y su pies, el camino se hace más corto y el dolor más llevadero.
Paúl Claudel solía repetir " Dios no ha venido a suprimir el dolor; tampoco ha venido a explicarlo. Ha venido a Llenarlo con su presencia.

 

 

 

 

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