El amor no pasa nunca

 

 

 

                                                     
 
 

Lo dice San Pablo, lo repetimos en las bodas y se lo repiten constantemente los que se prometen y comprometen a amarse siempre : "El amor no pasa nunca". (Corintios 13,8). Pero ante tantos amores marchitos, olvidados o traicionados, ¿como se puede compaginar lo eterno del amor con lo efímero de su duración en tantos casos? Cristo nos advierte contra el peligro de la intromisión humana en los asuntos del amor : "Que es lo que Dios ha unido no lo separe el hombre". (Marcos 10,9).

Es el egoísmo, el capricho , el afán de variar o de dominar, o simplemente el tomar a la ligera el misterio del amor, es todo esto lo que rompe los planes de Dios. El quiere unir, pero el hombre o la mujer prefieren dividir, separarse, olvidarse, empezar de nuevo. El tema del amor no pasa.

Existe en los que buscan y sueñan con la persona amada. Se hace alegría y satisfacción en los que de verdad aman y cuidan como planta delicada ese amor. Abunda el tema y se multiplica en las novelas, las fantasías, el cine o la simple conversación del niño, del joven o del adulto ... En definitiva todos somos buscadores y mendigos de amor. Somos seres incompletos que logran realizarse dándose, sirviendo, sintiendo que son conocidos y comprendidos. Pero no todo lo que brilla, deslumbra, atrae u obsesiona, es amor. Muchos confunden el amor con lo instintivo y pasional, con lo que entretiene o atolondra. Sería triste confundir la fiesta con la borrachera. Muchos confunden el amor con un pasatiempo. Y aquí se niegan la verdad de la Biblia. En estos casos, por supuesto que esta clase de "amor" siempre pasa y hasta deja mal sabor en la boca.

 

Amar como a uno mismo

 

Cuando Cristo hablaba, lo hacía como Maestro que enseñaba lecciones sencillas, pero bien concretas. Cristo hace un maravilloso resumen de todas las leyes y normas en estas palabras : " No hay mayor mandamiento que estos dos : Amar al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu mente, con toda tu alma, y con todo tu ser. Y amar a tu prójimo como a ti mismo". (Marcos 12,28-31)Por lo visto el amor supone totalidad y entrega del "tú". Tu Dios con todo el corazón, tu mente, todo tu ser ... Tu prójimo, como a ti mismo ..." Y es que amar es pensar en el otro, no usar del otro. Y hacerlo todo sin olvidarse de uno mismo, Pues la medida del amor no es el egoísmo calculador e interesado, sino el querer para el otro lo mismo que uno quiere para si. Por eso la regla de oro del evangelio se define así : "Todo cuanto quieras que hagan contigo, hazlo tú también con los demás".(Mateo 7,12). Así podemos entender eso en lo que Cristo insiste." Amar como a uno mismo"; es decir verse en el otro y porque me veo y le veo, quiero para él lo mejor. No es un deseo, con palabras bonitas de tarjeta comprada, es en mi respeto, interés, sacrificio, comprensión y servicio donde le expreso de verdad que le quiero tanto como me quiero a mi mismo. Tiene cierta razón evangélica lo que dice en forma exagerada la canción : " Te quiero más que a mi vida..."

Egidio fue uno de los primeros compañeros de San Francisco de Asís. A él se le atribuyen estas palabras sobre el amor. que son bien acertadas: " El amor hace iguales a los que se aman. Pero, si el amor nos encuentra desiguales, él nos iguala. Si no nos encuentra unidos. él nos une". Pero,¡cuidado!, se trata de un amor que supone dos vidas y dos caminos, que al buscarse se encuentran, al encontrarse se aman y al amarse se respetan, se ayudan y complementan.

Yo soy tu

Para entender todo esto con mucha más claridad, podemos acudir a una bella página de la mística musulmana sobre el amor : "El amante llama a la puerta del amado. desde dentro le preguntan : ¡Quién eres tú?". El responde : "Soy Ansar". la voz de dentro replica : Para ti y para mi no hay sitio suficiente en esta casa". Y la puerta siguió cerrada. Un año entero permaneció el amante en el desierto, ayunando y orando. Pero otra vez volvió a llamar. Y de nuevo la pregunta : ¡Quién eres tú?. El responde : Soy tu hermano". Desde dentro no se oye más que la misma respuesta con la misma reacción. Todo exactamente como la primera vez. Después de un segundo año de ayuno y oración en el desierto, el amante llama a la puerta otra vez. Pregunta la voz interior : ¡Quién eres tú ?. Respuesta :"Yo Soy Tú". Entonces se abrió la puerta".

Aquí vemos que ciertamente es posible para el ser humano el amor al otro, al prójimo, al amado. como se ama uno a si mismo. A Dios hay que amarle por encima de todas las cosas. Más allá de la medida que usamos con el prójimo. Pienso que los que se aman de verdad son como dos almas que habitan un solo cuerpo. Al ver a uno se ve al otro y al ver a este solo vemos a los dos. Quienes aman así, están seguros de que el amor es eterno, nunca puede pasar.

 

 
 

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