Con alegría pascual escribo esta columna. En columna de luz y de claridad quisiera que se convirtiesen estas líneas ... Quisiera, parodiando al general, lanzar para todos este grito de guerra:  "Listos para el ataque". Estamos listos nosotros para resucitar, para atacar a la muerte? Ciertamente la fe en la Resurrección de Cristo es convencimiento de nuestra propia resurrección. Y es consecuencia e imperativo de nuestra insurrección contra la muerte, contra todo lo que deteriora y mortifica la vida. Nuestra fe nos da confianza, serenidad, paz y también, a pesar de las dudas, nos da seguridad y firmeza. Nuestra fe en la resurrección de la carne es compromiso y tarea que da vigor y vitalidad a toda nuestra persona, al hombre completo, cuerpo y espíritu. Nosotros, que aspiramos a ser libres, a vivir, tenemos que fortificar toda nuestra existencia.

Listos para resucitar

Desde aquella mañana, alegre y florecida de la Pascua, todo cambió ..., al menos, todo está llamado a cambiar para los cristianos. Las gentes giran y hablan en torno a una tumba vacía, abierta ... Pedro, los otros apóstoles, las mujeres ... corren, se buscan, se cruzan en los caminos, todos con la misma información: " La piedra está removida, el sepulcro está vacío y el Señor ha resucitado". Hay una gran diferencia entre nuestras tumbas vacías, preparadas y prepagadas en espera de que alguien muera y la tumba vacía de Cristo. En torno a nuestros sepulcros se esconde la tristeza y e disimula la pena; al rededor de la tumba vacía de Cristo nace la vida, la alegría, la fe y la esperanza. Esta es la tumba, ¡extraña tumba!, que se convierte en motivación y plenitud de nuestra fe. Creer en la Resurrección de Cristo es creer que la tumba está ya definitivamente abierta, no sólo para él sino también para todos los que creemos en Él. Es una invitación urgente, un imperativo de nuestro Capitán que nos invita a resucitar, a levantarnos del sueño, a dar un paso hacia adelante, a superar el miedo a la muerte, necesaria para lograr el reino de la libertad.

Dios de vivos, no de muertos

No cabe duda de que la muerte acaba con todas las posibilidades humanas. Sólo quien sea capaz de dominar y vencer la muerte, podrá mantener por siempre en pié una esperanza victoriosa y segura.

Ante el hecho de la Resurrección los cristianos creemos que cuando todas las posibilidades y esperanzas humanas se han agotado, Dios sale a nuestro paso, nos muestra la tumba vacía y sobre todo nos hace ver otra posibilidad, que sólo está en sus manso: la de la vida. Pues Él es "un Dios de vivos y  no de muertos" , ésta es la Buena Noticia, el Evangelio, algo que escuchamos todos los días, pero parece que vivimos y morimos sin creer suficientemente en esta única y gran verdad.

Toda posibilidad, por inútil y absurda que parezca, por limitada y pobre que se ofrezca, todo queda superado y posibilitado en una tumba vacía, que nunca podrá ser llenada por la muerte o la destrucción. Ciertamente parece una gran contradicción. pues lo único que puede llenar el vació y el miedo de nuestras limitaciones es la ilimitada y divina dimensión de una tumba vacía, la de Jesús Resucitado.

El ausente presente

 

Otra nueva contradicción, aparente, por supuesto. Para nuestros ojos humanos, Dios está ausente, lejano invisible ... para los ojos del corazón y de la fe Dios es cercano, más íntimo que uno mismo, Dios es el Espíritu, el "oxígeno" que nos da vida, el amigo, el Padre, el confidente, el caminante que nos habla; y porque vive, nos llena de vida ... Jesús anda por las ciudades y los campos, por las casas y los carros, por las calles o por los centros del dolor ... Jesús está entre nosotros, aunque a veces no se aparezca o no lo distingamos .... El está Resucitado, sus discípulos no siempre le vieron y reconocieron. El es el jardinero que de madrugada habla con María Magdalena, Él es el peregrino que al atardecer se une a otros dos discípulos en el camino de Emaus, Él es el desconocido que nada por todas las playas de los lagos y mares, por todos nuestros caminos y riveras ... También hoy se presenta ante nosotros, sin que nos demos cuenta ... porqué Él está vivo, dejó la tumba .

Sólo nos pide Vivir, que es tanto como compartir con Él,, Jesús se hace presente en el prójimo, sea éste cercano, lejano, necesitado o allegado .... Compartir con Él, lo mismo que las gentes de Galilea , el pan cotidiano, el techo amigo, el cántaro de agua, la charla de la tarde. Vigilar es estar atentos, pues Él puede venir, inesperadamente, sorpresivamente ... Por eso insistentemente nos lanza su grito urgente.

 

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