Paz y bien para todos. Aunque no se lo crean, ya hace muchos siglos el ser humano inventó eso de los ordenadores electrónicos. Cada cual tiene su propia computadora metida en la misma entraña de su persona. Funciona inmediata y automáticamente en relación con el trato de los demás. Antes de que nos hable quien se acerque a nosotros. Antes de que el nuevo vecino se mude al barrio. Antes de que el nuevo jefe o compañero de trabajo nos dé los buenos días. Ya los tenemos catalogados, encasillados y clasificados. Los datos que alimentan nuestro ordenador son de lo más variados. Simpático, pesado, agradable, dulce, amoroso, orgulloso, chusma, amargado, ligero, coqueta, fresco, atrevida, metiche, independiente, antiamericano, anti_cubano, cavernícola, liberal, liberada, sofisticada, ni pincha ni corta, por no decir otra cosa, hablador, callado, mosca muerta, educado, muy católico; y como la lista es infinita, pues dejo al buen lector experimentado en estos ordenadores para que siga añadiendo nuevos datos y elementos con los que trabaja el computador humano y precisamente el tuyo propio, que es distinto al de los demás. Datos sacados de la imaginación, del afán de criticonería, de la envidia o de los prejuicios sociales o de la amargura que llevamos por dentro y que no podemos desahogar con el que nos amarga y la proyectamos a veces con el más infeliz. Comenzando por la Iglesia y siguiendo por Dios. Cuántos errores, equivocaciones, fracasos y descalabros por culpa de la persona humana cuando se convierte en máquina, en sabiondo, sin usar la razón, ni el amor y menos la paciencia. Sólo el tiempo y la esperanza pueden hacer callar tales computadoras para dejar que se enciendan las luces del razonamiento y de la madurez. Que serenen el apasionamiento, el sentimentalismo, la soberbia de saberlo todo y de hablarlo todo, la ligereza en el pensar, en el juzgar, en el amar.¿Cuántos son los amargados? Una famosa pregunta que sería como objeto de grandes investigaciones y de grandes trabajos. ¿Cuántos son los amargados? Yo creo que entre todos los datos que aportamos a la larga lista, el de pesado es frecuente, pero tal vez el de amargado es el que le gana siempre. Y si juntamos ambos, pocos serán los que se vean libres de la luz acusadora del computador. Hay tanta gente amargada y amargante. Tanta gente desconfiada, asustada, agitada y sin paz con nada ni con nadie ni con ellos mismos. Si tienes paciencia, mi amigo lector, y un poco de humor, te quiero enumerar algunas circunstancias o maneras de amargarse. Casi siempre es problema mental. Nuestra mente no para de pensar, de imaginar, de calcular hasta que cae en la amargura y el fracaso, que sin existir aún, se da ya por hecho. Amargado es quien se olvida de las cosas buenas que hay en su vida, las personas que le quieren, los éxitos que ha logrado, las ilusiones que motivan la existencia, concentrándose sólo en lo negativo. Este tal personaje es mejor que cambie de espejuelos mentales, más claros, menos oscuros, más positivos, menos negros, aunque la calle esté dura y oscura. Fuente de amarguras es el excesivo valor e importancia que damos al dinero. Nunca tendremos todo lo que queremos, y cuando tenemos lo que necesitamos, queremos más y al no tenerlo nos amargamos. Lo siento, pero la culpa es tuya. Disfruta de lo que tienes, sobre todo de la vida que es el mayor tesoro y el mejor regalo. Envidia a los que teniendo poco son capaces de disfrutar mucho, porque viven contentos sin amarguras tontas. La alegría no se compra ni se vende, se conquista con amor y con buenas compañías. Y la gran felicidad no está en lograr todo lo que anhelamos, sino en disfrutar ya de lo mucho que tenemos. Por favor, no se haga la víctima antes de tiempo, ya llegará el momento en que será víctima de verdad ante el dolor inevitable o el problema inesperado. Mientras tanto, no se destruya haciéndose víctima con susceptibilidades, inseguridades y malos entendidos. No se deje desconcertar por tantos conflictos y luchas que surgen todos los días. Tampoco se pase el tiempo añorando otro lugar, otro trabajo, otro país u otra cosa donde nada ni nadie puede disturbar su paz. Sólo hay un lugar donde no hay problemas. ¿Saben cuál es? El cementerio. Si vives amargado, donde quiera que vayas llevarás contigo tu amargura. Caerás en la amargura también, si piensas que eres indispensable, con cualidades suficientes para ser promocionado, para tener otro trabajo, para ser mejor aceptado entre tus amistades o familiares. Precisamente si estas convencido de que vales, demuéstralo dándote a valer con tu madurez y con tu seguridad en ti mismo. Por supuesto que quien se crea superior, diferente y excepcional a todos los demás, se gana de gratis la amargura. Pensará que todo el mundo la tiene tomada con él, que nadie le comprende y es por eso, por ser un caso diferente y excepcional. No hay economía capaz de mantener a un médico y a un enfermo, crónicos, victimados y amargados. Por eso, por favor, no te tengas lástima. En vez de ser tu médico, trata de ser tu mejor amigo; alegre, natural, comprensivo, con sentido del humor, paciente. Siéntete hijo de Dios, él te mira con amor, no con lastima. Aunque, cuántas veces Dios tendrá que decir al vernos amargados, que pena y que lástima. Si ellos me conocieran más no se amargarían tanto. Tengan mucha paz y mucho bien .

 

 

 

 

 

 

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