No es fácil definir lo que es gracia . Tampoco es fácil definir lo que es Dios, la vida o el amor. Y mira por donde Dios es amor y vivir es tanto como amar. Jesús define su misión por el mundo con estas palabras: "He venido para que tengan vida y una vida plena" (Jn. 10,10). A la luz de estas palabras entiendo mucho mejor lo que dijera Santa Teresita de Jesús: "Toda vida es gracia". Es decir, quien vive a plenitud está lleno de gracia. Si uno es plenamente humano y cristiano, se realiza totalmente como ser viviente. La vida humana es un reflejo de la imagen divina.
Toda vida es un regalo. Y si es Dios mismo quien nos regala su misma vida, entonces Dios es gracia: es amor, generosidad, comunicación y entrega total. Así podemos entender la Gracia como la total y constante comunicación de Dios con el ser humano. Dios es adviento, el que siempre está llegando;mientras que el hombre es éxodo, el que siempre está buscando. Y en este buscar y llegar, Dios es el que no se cansa de ofrecernos su vida, su gracia. Esa gracia es insidiosa, terca. Cuando se la pone en la puerta, entra en por la ventana. Cuando no viene recta, es que viene ondulando y si no, viene en zig zag", como dijo Charles Feguy.
Podemos hacernos una pregunta,¿si Dios es invisible y misterioso cómo se comunica con nosotros, que somos de carne y hueso? La relación y comunicación de Dios con nosotros es concreto, se hace cercanía de amor y de calor, de libertad y de fuerza en la presencia salvadora de Cristo vivo. Si yo acepto la llamada de Dios, si me abro a su gracia, si me decido a creer y seguir a Cristo, si me dejo guiar por su Espíritu, entonces surgirá en mi una transformación, un cambio, gracias al amor de Dios. Ese amor que hace iguales a los que se aman. Por eso, " la gracia de las gracias es encontrar al Señor Jesús como se encuentra a un amigo.
Alguien a quien entregamos la vida. Alguien que ha cambiado nuestra existencia, nuestro camino. Cualquiera que sea nuestros pecados, miserias y fracasos ... lo importante es saber que hemos encontrado al Señor" (Karl Rahner).
Es cierto que toda vida es gracia, pero no siempre nuestras acciones reflejan que estamos llenos de gracia. La gracia es vida, el pecado es muerte. Pecar es rechazar la gracia divina, su llamada a ser plenamente humanos.
El pecado oscurece la imagen de mi real existencia. Dejo de proyectar la imagen de Dios, según lo cual fuí creado y tampoco reflejo la imagen de Cristo, "la que fui llamado a reproducir con mi cristianismo" (Rm. 8,28-30).
Y como sabemos que estamos en gracia? Jesús nos advierte que "sólo por los frutos nos conocerán (Mateo 7,20). El amor, la paz. la libertad interior, la fe, la alegría, el perdón la generosidad, la solidaridad... son manifestaciones de la gracia de Dios. hay que pedirle esta gracia constantemente como si todo dependiese de Él y trabajar por mantenerla como si todo dependiese de nosotros.
A Santa Juana de Arco le hicieron sus jueces eclesiásticos una pregunta capciosa antes de enviarla a ala hoguera: ¿"Puedes asegurar que estas en gracia?" "Si no lo estoy, que Dios quiera ponerme en gracia. Y si lo estoy, que Dios me mantenga en ella". Sólo una santa, llena de gracia, podía responder con tanta humildad, tal sabiduría y semejante agudeza.
 

 

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