La cruz. Cualquier mal o sufrimiento, dolor, fracaso, desventura lo podemos llamar cruz.

Muchas son las causas del sufrimiento: por la misma naturaleza, por la situación social y porque Dios lo quiere, lo permite.

El problema del mal ha sido siempre un gran obstáculo para creer en Dios, porque si Dios es bueno, ¿por qué permite el mal?, ¿por qué sufre el inocente?.

El ser humano de cualquier época ha rechazado la cruz, el sufrimiento, a pesar de que lo encuentra cada día en la enfermedad, en la humillación, en el desprecio, en el abandono, en la guerra y en la muerte. Unos y otros se preguntan entonces ¿dónde está Dios? ¿qué hace Dios? El sufrimiento, la cruz, la muerte no se explican. No entendemos el sufrimiento como no lo entendía Epicuro cuando decía: o Dios quiere suprimir el mal y no puede, y entonces es impotente... O no quiere o no puede, y entonces es un  "don nadie"... o bien puede suprimir el mal y no quiere, y entonces es un malvado...o puede y quiere, y entonces, ¿dónde esta Dios y de dónde viene el mal?.

Cuando tiembla la tierra y la casa se derrumba, cuando el hospital se abre para acoger mi sufrimiento, cuando veo triunfar al prepotente y al pobre morir de necesidad, cuando veo que se apagan mis días y sólo existe la noche, el misterio nos supera y la cabeza se llena de preguntas. Si Dios es bueno ¿por qué hace o permite sufrir? ¿Por qué? ¿Por qué, Señor, ahora?.

¿Todavía crees en Dios? Maldice a Dios y muérete. (Jb 2, 9), decía la mujer de Job. Entonces Job abrió la boca y maldijo su día diciendo: Muera el día que nací, la noche que dijo: ¡Han concebido un varón! (Jb 3, 1-3). El sufrimiento, el mal lleva a maldecir a negar la existencia de Dios, o si existe es un malvado, un canalla .

Muchos enfermos pasan por las siguientes fases: rechazo y aislamiento, ira, comerciar, depresión y aceptación.

Cruz y cruces son los sufrimientos y contradicciones que tenemos en la vida.  Podemos  hablar, también, de la cruz en sentido general, de esa que no  inventó Jesús, que es inherente a toda condición humana y al cristiano.

No sólo existe la cruz personal, se habla de una cruz colectiva. Existen muchas personas y pueblos que están crucificados por causa del mal y del pecado.  Se repite el mismo pecado de todos los tiempos: el ser humano explota al otro y lo mata de mil formas.

Para que la cruz, cualquier cruz, tenga valor, hay que llevarla como Cristo.

La cruz de Jesús. La cruz tiene dos caras: es, por una parte, instrumento cruel de castigo para rebeldes políticos o esclavos y, cuando le es impuesta a un inocente como Jesús, configura un crimen político religioso; pero la cruz encarna, además, uno de los símbolos más vigorosos del cristianismo como expresión de la redención de Cristo y de la voluntad salvífica del Padre. "Dichosos los que lloran porque ellos serán consolados" (Mt 5, 5) .

Juan afirma que  la cruz es el gran acontecimiento escatológico en el que se manifiesta la gloria de Dios (Jn 17, 1), la hora definitiva llega en la cruz en la que todo queda cumplido (Jn 17, 30).

   En la cruz de Cristo ha dicho Dios su juicio sobre el mundo, y a través de él ha abierto el camino de salvación (Bultmann). ( Flp 3, 7-11). Dios se hace visible en la cruz de Cristo.

  La cruz de Jesús es el signo fiel a la causa del reino de Dios. No se puede separar la muerte de Jesús del resto de su vida. Jesús no busca el sufrimiento, pero asume su propia crucifixión, por amor a su Padre y a la humanidad. No se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú (Mt 26, 39). Jesús viene a hacer la voluntad de Dios (Hb 10, 7); esta es su alimento (Jn 4, 34) y la voluntad de Dios se traduce en la ley de amor, que exige obras y servicio (Mt 7, 21-23).

  La cruz de Cristo es la denuncia radical a la conciencia prometéica del hombre occidental, que quiere construir un paraíso en la tierra y que sueña con una autosuficiencia histórica, que le hace independiente de Dios y constructor único del reino de la libertad y de la emancipación, de la utopía del reino de Dios... Por eso la teología de la cruz es la afirmación de la necesidad de la gracia y de la gratuidad de ésta .

Jesús no sufrió la cruz porque quiso, fue el resultado de su vida. Ni tampoco el Padre la fabricó para él. Las cruces en la vida de Cristo, cuyo desenlace es la pasión y muerte en cruz, fueron el término trágico e inevitable de llevar a cabo la misión que el Padre le había encomendado. Ante ella, Jesús se hizo obediente hasta el sacrificio de la pasión. Jesús aceptó la cruz, libremente y por amor al Padre.  La aceptó también por la humanidad para quien logró la amistad total con Dios.

La cruz de Cristo indica el camino que debe seguir el cristiano, en la lucha contra todo pecado para instaurar el Reino de Jesús. Están íntimamente  relacionadas  "la gracia de la salvación de Cristo y la tarea humana" . La lucha por un mundo mejor reviste forma de cruz, animada por la esperanza cristiana de resucitar como Jesús. La confianza del cristiano descansa en la misericordia de Dios.

Jesús toma la cruz para  obedecer a la voluntad del Padre (Mt 16, 21); así ésta surge de su compromiso con el Reino,  como pronta y absoluta fidelidad a Dios. En la vida de Jesús, la cruz es dolor que brota del amor y conduce a la salvación. El morir de Jesús es consecuencia de su vida, de su entrega de amor incondicional: "Nadie tiene mayor amor que el que  da la vida por los amigos"...."Jesús, habiendo amado a los suyos los amó hasta el extremo" (Jn 13, 1).

  Jesús rechaza las tentaciones de dejar a un lado el camino tortuoso  por otro más cómodo: posesión, placer, honor. Pedro trató de apartarlo del camino de la cruz (Mt 16, 22), el pueblo quería que Jesús fuese el mesias-rey (Jn 6,15), el demonio le propone el camino del mesias glorioso (Mt 4, 4). Todas las dificultades,  persecuciones, calumnias, traiciones y abandonos, no bastaron para apartarle de la senda del  amor y salvación.

  Jesús conoce la traición de Judas (Mc 14, 12-31) y sufre la angustia de Getsemaní (Mc 14, 32-42). Estuvo a punto de morir a causa de una gran tristeza. El prendimiento de Jesús se hace en la noche, igual que a los bandidos y malhechores. En este momento "le abandonaron y huyeron todos" (Mc 14, 50). Y Cristo, el Rey de Israel, era elevado en alto y crucificado. La cruz y muerte de Jesús fue consecuencia del compromiso con el Reino, del camino histórico de Jesús. Y de la cruz y muerte de Cristo brota la vida. La misma

 

 

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