La cruz del cristiano. Varios son los significados que puede tener  el cargar con la cruz.

 Jesús entendía, al oír hablar de "cargar con la cruz", sabía cargar con la cruz  era, ni más ni menos, que aceptar ser tenido por uno de tantos desgraciados a los que cualquier día las autoridades romanas podían colgar en una cruz. Por lo tanto, "cargar con la cruz" significaba alinearse con los últimos, con la inmensa multitud sin nombre y sin cualificación alguna. No era constituirse en héroe o en ejemplo ni de generosidad ni de nada, sino despojarse de todo signo de distinción y pasar a ser uno de tantos, perderse entre las pobres gentes sobre las que podía caer la maldición que anunciaba el libro del Deuteronomio (21, 22s). 

  Cuando hablamos en cristiano, no hemos de confundir cruz con cualquier desgracia, contrariedad o malestar que encontramos en la vida, sino por seguir a Jesús. D. Bonhöfer lo recuerda de manera clara y precisa: "La cruz no es el mal y el destino penoso, sino el sufrimiento que resulta para nosotros únicamente del hecho de estar vinculados a Jesús... La cruz es un sufrimiento vinculado no a la existencia natural, sino al hecho de ser cristiano".

  El sufrimiento, la cruz es un misterio para todos. Todas las explicaciones sobran, pero no es cuestión de comprensión, sino de aceptación. Y paradójicamente quien acepta y abraza la cruz, la siente como un peso ligero y un yugo suave (Mt 11, 30).

Jesús invita a los cristianos a "tomar la cruz"," cargar cada día con la cruz", a perder la vida" (Mt 11,12; Jn 12, 24-26)."El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo" (Lc14,27).

  Seguir a Jesús es cargar con la cruz como él (Mt 10, 38), es estar donde está él (Jn 12, 26)), es dar la vida (Jn 13, 37).  Como Cristo realizó la obra de la redención en pobreza y persecución, de igual modo la Iglesia está destinada a recorrer el mismo camino a fin de comunicar los frutos de la salvación (LG 8).  Jesucristo, sufriendo la muerte por todos, nos enseña con su ejemplo a llevar la cruz que la carne y el mundo echan sobre los hombros de los que buscan la paz y la justicia (GS 38).  Todo el que está cerca de Jesús, el que sigue a Jesús tiene que estar dispuesto a asumir la persecución y muerte.

 Sin la cruz es imposible comprender quien es Jesús. Seguir a Jesús por el camino (Mc 10, 52) es el que está dispuesto a darse a sí mismo (Mc 8, 35), a ser el último (Mc 9, 35) a beber el cáliz y cargar con la cruz (Mc 10, 38).

Y la verdad que todos los que han estado cerca de Jesús, como María, Pablo y tantos otros, han participado del calvario, les ha tocado alguna astilla de la gran cruz..

Es necesario permanecer en la fe en medio de las tribulaciones, porque  es necesario que pasemos por muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios (Hch 14, 22). La fe es la única relación que podemos tener con Jesús. Así se lo inculcó a la Magdalena (Jn 20, 11-17), a los Doce, especialmente a Tomás (Jn 20, 19-29) y a los discípulos de Emaús (Lc 24, 13-31).  En medio del desencanto y la frustración es bueno escuchar las Escrituras con fe para, como los discípulos de Emaús, recobrar la fortaleza y el sentido de la vida.

La fe nos dice que Dios hace cooperar todo para el bien de los que lo aman  (Rm 8, 28).

Todo el que siga a Jesús tendrá que tomar el mismo camino por el que pasó él: la cruz. Para poder engendrar vida, hay que desaparecer como el grano de trigo. Jesús enseña a sufrir y a morir con fe, amor y esperanza, a transformar un signo de muerte y de odio en otro de vida y de amor.

  El cristiano ha de llevar su cruz como la llevó Jesús.

 

 

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