Negarse a sí mismo, renegar de sí mismo es otra condición del seguimiento de Jesús (Mt 16, 24).
El " negarse a sí mismo" y el renunciar "por el Reino " a bienes o derechos, intereses o comodidades, continúa siendo de vigente y urgente actualidad en la espiritualidad cristiana; hoy, sobre todo, frente al consumismo, hedonismo, despilfarro; cuando la miseria de la mayoría es cada vez más profunda y es cada vez más ancha y sofisticada la posibilidad de placer y disfrute por parte de una minoría egoísta .
Valor positivo de la abnegación cristiana.
Por ella nos vamos configurando con Jesucristo (Rm 8, 29). Nos ayudará a negarnos, el haber descubierto el tesoro, o la perla y a saber
que ganamos más que perdemos.

Descubrir el tesoro.
El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que
le da, va,vende todo lo que tiene y compra el campo aquel (Mt 13, 44).
O como el mercader de perlas finas que, encontrando una de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra. (Ib.).
En todo seguimiento, en toda búsqueda y encuentro se dan estos tres pasos: deseo o motivación, pérdida y ganancia, alegría.

Deseo o motivación.
 Se consigue lo que se desea, siempre que se puede. Cuando no hay motivación no hay búsqueda y no hay, sobre todo, valor para vender lo que se posee. Por eso hay que cuidar el corazón. Hijo mío, por encima de todo cuida tu corazón, porque en él están las fuentes de la vida (Pr 4, 23).
Perder para ganar.
 El seguimiento exige conversión, estar dispuesto a perder, a dar la vida para ganarla. Ser cristiano es seguir a Cristo por amor y, al estar cerca del Maestro, al vivir con él, Jesús hace la misma pregunta que un día le hizo a
Pedro, ¿me amas? (Jn 21, 15). Amar es escuchar su palabra, ponerla en práctica (Mt 7, 22-25). Amar es venderlo todo (Mt 13, 44-46) y estar dispuesto a perder la vida (Jn 12, 25).
La vida está salpicada de pérdidas y ganancias. Todos quieren ganar, pero sin dar nada a cambio. El Evangelio nos propone el otro camino, el de que para tener vida, hay que estar dispuesto a perderla. Y nos resistimos a perder y a soltar amarras.
Tenemos miedo a perder, no colaboramos con los otros, vivimos engañados.
Para entrar en esta dinámica del Reino es necesario tener los mismos sentimientos y criterios de Jesús (Fl 2, 5). Los que eran los más lejanos y parecían ser menos para la gente, eran los más importantes y cercanos a Jesús, como los : pecadores, prostitutas, pobres y débiles.

Seguir con alegría.
Descubrir a Jesús como tesoro, como lo único importante, lleva consigo una vida de alegría y entrega. La alegría que da Jesús nadie la podrá quitar (Jn 16, 22). Al caminar con él y con alegría, las dificultades se aminoran y desaparecen, como desaparece el dolor a la mamá que contempla el hijo que ha traído a este mundo (Jn 16, 21).
Pedro negó a Jesús (Mc 14, 30), dio a entender que ni le conocía ni tenía nada que ver con él. Lo mismo acontece con el que lo niega ante los demás (Lc 12, 9).
Desde la actitud del seguimiento tenemos que entender la cruz y el negarse a sí mismo. Negarse a sí mismo no es castigarse o autodestruirse, es olvidarse de uno mismo, de su egoísmo, de sus propios intereses y adherirse radicalmente a Jesús y centrar la vida en él. Negarse a sí mismo es abrirse al plan de Dios, morir cada día en una actitud de servicio, dispuesto a perder la vida (Mc 8, 35).

Seguimiento de Jesús y acompañamiento espiritual.
No cabe duda de que todo lo expuesto anteriormente se puede aplicar al
acompañamiento, ya que con esa intención lo he planteado. No obstante, creo conveniente hacer algunas referencias más concretas.
Desde el momento en que entendí quien es Dios para mí, supe que ya no podría vivir más que para él (Carlos de Foucauld). Dios tiene que ser lo primero, lo más importante de todos aquellos que se han encontrado con su rostro y siguen buscándolo apasionadamente. Fundamentar todo en el amor a Dios es mucho más liberador que poner las energías en todos los poderes y glorías. Amar a Dios con todo el corazón es la condición indispensable para amar bien a todos los demás y no quedar esclavizados por éstos y las cosas.
Estamos llamados a reproducir la imagen del Hijo (Rm 8, 29), a transformarnos e identificarnos con él, poniendo los ojos en su fuerza y no en nuestra debilidad.
Y nada transforma tanto como el ser conscientes de que él nos ama y nosotros estamos empeñados en la misma causa, la del amor, que sana todas las heridas del pecado. Jesús sigue sanando la culpa de aquellos que, como Pedro, Zaqueo acudieron a él, y de tantos otros que a él le abren el corazón..
El toma siempre la iniciativa, y lo hace también en el seguimiento. Y los
discípulos lo siguieron por la admiración o el agradecimiento de aquel encuentro.
Encontrarse con Jesús es encontrarse con un tesoro . Y éste produce una gran alegría y da una enorme fuerza para vender todo, para empeñar las posesiones y conseguirlo (Mt 13, 44). Agradecimiento y alegría son dos constantes que deben permanecer en los seguidores de Jesús.
En el seguimiento de Jesús hay que conjugar amor y paciencia, realismo y confianza.
Seguimos a un Jesús pobre y humillado, un Crucificado a quien Dios lo resucitó. Y lo seguimos con sentido de la realidad, como fue él, sabiendo que de la semilla que siembra el labrador tres cuartas partes se pierden. Pero nunca debe aparecer la desesperanza, en la transformación de la dura realidad.
El cristiano ha de vivir en actitud permanente de discipulado, apertura total, respecto a Jesucristo y a Dios. Su meta no ha de ser otra sino la de revivir a Jesucristo y su camino. ... La cruz
El amor debe ser el motor y la meta en todo camino del seguimiento. El tiene que ser la fuente de mayor consuelo, no el éxito.
Y en la vida de todo cristiano hay que conjugar muy bien los dos momentos, oración y entrega, como lo hizo Jesús y sus seguidores.
 Los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado.
El, entonces, les dice:`Vengan también ustedes aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco`. Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer... Al desembarcar vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues eran como ovejas que no tienen pastor, y se puso a instruirlos extensamente
(Mc 6, 30-34)

 

 

 

 

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