Cuando llegó el entrenador al equipo de Green Bay, se encontró con un grupo derrotado y desalentado. Se puso frente a ellos, los miró silenciosamente por un rato y tranquila, pero enfáticamente, les dijo: Vamos a tener un gran equipo de fútbol. Vamos a ganar partidos. Escuchad: Vamos a aprender a correr, a atajar al adversario. Vamos a jugar mejor que los equipos contrarios. Confiad en mí y en mi sistema .

Ciertamente, necesitamos confianza para caminar, para triunfar en la vida. De lo contrario, no avanzaríamos.

Nuestra vida es un viaje, un eterno caminar. Nos cuesta aprender a caminar bien. De ello tiene experiencia el niño, pero, sobre todo, el adulto. Saber cuál es el buen camino, decidirse a caminar por él, recorrerlo en medio de la dificultad precisa de la ayuda de Dios.

La Biblia tiene orientaciones de cómo debemos caminar. Para no equivocarnos conviene preguntar también a los que tienen experiencia, a los que han caminado. Se necesita fe, sobre todo, cuando parece que la esperanza se apaga. Sara y Abraham confiaron que, incluso en su edad madura, Dios todavía les guardaba algunas sorpresas maravillosas (Gn 12,1-9). Se necesita fe para caminar por el desierto, por los caminos pedregosos, donde el paisaje seca el alma. 

Jesús tuvo experiencia de caminos. Él tomó el camino del desierto donde se encontró con sus propias luchas y volvió con la fuerza del Espíritu (Lc 4,1-l5). Él cogió el camino de Jerusalén, lleno de temor por lo que intuía (Lc 9,51-62). Pero se apoyaba en la oración. Levantándose muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, salió y se fue a un lugar desierto y allí oraba (Mc 1,35).

Uno de los momentos de apoyo más intensos fue en el Huerto de los Olivos (Mt 26,36-46). Jesús va allí para sacar fuerza en las últimas horas de su viaje; desea apoyarse en sus amigos, pero ellos se duermen. ­

Jesús enseña a caminar, especialmente a aquellos que cuentan con un fardo de dificultades. Le traían todos los que tenían enfermedades y andaban agobiados... (Mc 1,32-34).

El mismo Jesús nos indica que no estamos solos al caminar, que Dios camina con nosotros, que es el Padre que enseña a caminar, que espera la vuelta de los alejados. Así fue el camino del hijo pródigo.

El camino de la vida es de continua conversión, como le sucede a Pablo (Hch 9,1-9). Son muchos los caminos que se nos presentan cada día. Dichosos aquellos que eligen caminar por la senda de la vida.


 

 

 

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