¡Es cierto! Yo mismo lo vi. Toca la guitarra y habla con los pies. Pero, ¿cómo es posible? Pues, bien sencillo, no tiene brazos y todo lo hace con los pies: camina, saluda, da las gracias.

Tony Meléndez nació sin brazos. Una pastilla de talidomida se los robó, pero Dios le concedió, a cambio, una gran fuerza en los pies, una gran fe y un gran corazón; una fe que no conoce límites, un amor que no sabe de fronteras. 

La fe y el amor los heredó de su familia. Cuenta Tony que su madre, cuando él nació, tenía dos alternativas: preocuparse desesperadamente del hijo que había nacido sin brazos o confiar y abandonarse en las manos de Dios. Escogió las dos. La Palabra de Dios, la oración y la misa eran los alimentos espirituales de esta mujer fuerte. Rezaba cada día al Dios de la vida y le encomendaba a su hijo. Y Tony aprendió a confiar y amar a Dios como el tesoro más grande de su vida. 

En septiembre de 1987 Tony se hizo famoso. Millones de personas pudieron verlo por televisión, cuando tocó la guitarra con los pies delante del Papa. El Santo Padre se acercó a él, lo besó y lo bendijo con estas palabras: Tony, tú eres un hombre fuerte. Nos has dado esperanza. Mi deseo es que continúes dando esperanza a la gente. Y Tony aceptó esta misión.

Tony cantó al Papa una canción de amor: El mundo está lleno de amor. Un amor que se comparte en las penas y las alegrías. Quien lo ha descubierto no puede ser el mismo, tiene que ser luz en medio de la oscuridad. 

Tony es un hombre fuerte. Cuando se le ve y se le escucha en el escenario, irradia coraje, energía, vida. Es un hombre que se ha enfrentado a las dificultades y que sabe lo que es luchar. De sus padres heredó el amor a la vida y a la música. Marcado por el éxodo, como tantos hispanos, ha tenido que abrirse paso en un mundo hostil cuando se comienza de cero.

En cualquier momento la muerte puede reclamarte, y cuando lo hace, lo único que importa es el trabajo que uno ha realizado, decía Husein. A Tony la muerte no le puede reclamar nada porque lo único que ha hecho es sembrar esperanza, teniendo, por otra parte, enormes razones para desesperar.

Mingote, uno de los mejores humoristas españoles, cuenta cómo al principio no recibió apoyo del público. Un camarero le comentó: Ya he visto sus chistes en el ABC, pero, oiga, no les encuentro aliciente. Otro amigo le espetó en plena Gran Vía de Madrid: No sé por qué te empeñas en hacer chistes; tú nunca has sido gracioso. Pero Mingote siguió adelante y triunfó.

Me imagino lo que tendría que pasar Tony para aprender a tocar la guitarra con los pies, para armarse de valor e ir adelante. Tony, con su sola presencia, arranca esperanza al más deprimido. Él canta a la vida y que la vida está llena de amor, que el amor es la respuesta, que sus manos están en el cielo, que el Señor vendrá... Escuchar a Tony es llenarse de amor a la vida. ¿A quién no se le llena el alma de fuerza, de valor, al ver a un hombre cargado de humanidad y divinidad?

Si toco con los pies, dice Tony, ¿qué no podrán hacer ustedes con los pies, con las manos y con Dios? Quizá esto es lo que nos reclamará la muerte: no haber vivido, no haber usado las manos para bendecir, no haber utilizado los pies para andar por buenos caminos y para hacer el bien. 

Gracias, Tony, porque eres un regalo de fe, de amor y de esperanza. ¡Adelante, Tony! Sigue sembrando... Sigue tocando y hablando con tus robustos y graciosos pies.

 

 

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