Una hoja de papel, puesta sobre un escritorio junto a otras hojas iguales a ella, se encontró un día cubierta de señales. Una pluma, llena de tinta negra, había trazado sobre ella muchos diseños y palabras.

¿ Por qué me has tratado así?, dijo resentida la hoja de papel a la tinta. ¿No podías evitarme esta humillación? ¡Estaba tan blanca y limpia! ¡Pero tú me has ensuciado con tu negro infierno, me has estropeado para siempre!.

Espera le respondió la tinta- Yo no te he ensuciado, te he revestido de símbolos. Antes tú no eras más que una simple hoja de papel, ahora te has convertido en un mensaje. Tú guardas el pensamiento del ser humano, eres un instrumento precioso (Leonardo da Vinci)

Amarás a tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. (Lc 10,27).

Este es el único mandamiento que tenemos y lo único necesario para que todo en la vida pueda caminar bien. Si alguno de estos tres amores falta, el ser humano enferma y muere. Es imposible la salud psicológica a no ser que lo fundamental de la persona sea aceptado, amado y respetado por otros y por ella misma (A.Malow).

Hemos de amar y amarnos, con todo lo que somos y tenemos. Hay que amarse a sí mismo lo mismo que a cualquier otro pobre miembro del cuerpo místico de Cristo... hay que aprender a mirarnos a nosotros mismos con la misma ternura que nos miraríamos si fuéramos nuestro propio padre (Bernanós).

Se habla mucho, casi constantemente, del amor al prójimo. Y está muy bien. Pero tendríamos que educar para valorarnos y amarnos a nosotros mismos, porque entre otras razones, en cada ser humano vive y actúa Dios. Quien se ama a sí mismo:

Se aprecia, descubre sus cualidades y disfruta de ellas. Siente afecto, se siente bien consigo mismo y se trata con cariño. Se acepta tal y como es, con sus virtudes y defectos. Se cuida, presta atención a todas las necesidades y cuida todo con amor.

El que se estima no es envidioso, egoísta, no se cree superior a los otros, no es autoritario. Se ama y se acepta como ama y acepta a los otros. El que se ama y ama a los otros será capaz de luchar para que todos sean iguales en dignidad. La persona con baja autoestima en vez de amar a los otros tratará de manipularlos.

Algo muere en todos cuando alguien mata a alguien, decía Tomás Valiente. Y es cierto, no hay vida mientras uno se suicida o mata a otro.

 

 

 

 

 

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