Nos quejamos a veces porque nos sentimos solos, lo cierto es que no hemos llegado a descubrir los secretos de la soledad.

La soledad no es la de los picachos nevados de nuestros Andes interiores; ni la de los llanos dilatados e infinitos; tampoco el arenal de un desierto; ni las grandes cascadas de agua, que rompen el silencio cuando se precipitan hacia abajo.

La soledad no es más que el silencio pacífico, un sereno latardecer,el retiro del bullicio cotidiano; y todo esto es ocasión para acercarnos más a Dios.

Donde hay mucho ruido, no es fácil encontrar y reconocer la voz de Dios, pues la voz de Dios es muy suave; y hay que hacer un

profundo silencio para poder captarla.

La soledad podrá ayudarte y hacer que te conozcas a ti mismo penetrando en tu interior, en tu propio ser, en tu conciencia, y contemplando tu propia vida.

La soledad no es un peso; es mas bien un alivio. No es tortura ni tormento, es tranquilidad y paz.
 

 

 

 

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