Si eres padre, estoy seguro que estás dispuesto a morir por tus hijos; aunque a lo mejor tus hijos no estén dispuestos a morir por ti.

Prefieres sufrir tú y que no sufran ellos, morir tu, y que ellos puedan disfrutar de la vida... Verdad que no me equivoco?

Pues bien, hoy solo quiero decirte que es más fácil morir en un acto de heroísmo, por tratar de salvar un hijo, que ir muriendo poquito  a poco, lentamente, minuto tras minuto, hora tras hora, día a día, por ir  formando a ese hijo, o por irte formando tu mismo.

Ir dejando pedazos de la vida en las largas noches de desvelo, en las horas de trabajo agotador, en las largas tardes de trabajo, en las solitarias tardes después de haber atendido las obligaciones del día...eso no llama mucho la atención, pero es más meritorio.

No derramar la sangre en cinco minutos, sino ir dejando gota a gota en cada acción que cumplimos, en cada vencimiento de nuestro carácter o temperamento, en cada palabra que callamos o en cada sonrisa y palabra de aliento que ofrecemos...eso es morir día a día, eso nos hace ser un héroe...desconocido, pero un héroe ante Dios que es donde verdaderamente todo tiene valor.
 

 

 

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