Todos los seres humanos debemos estar unidos, los cristianos aún más; aunque tenemos que tener bien claro y estar concientes que unión no traduce uniformidad.

Es nuestra responsabilidad sin claudicar o renunciar a nuestros principios cristianos y al mensaje de la Iglesia aprender a vivir pacíficamente con aquellos que no son tan fieles a la misma y al Evangelio.

Tenemos que vivir en fraternidad y armonía con los que defienden otros puntos de vista distintos a los nuestros en el orden temporal y aun en la interpretación del mensaje de Cristo, pero siempre manteniendo nuestros principios y nuestra fe.

La unión entre nosotros los que amamos a Cristo tiene que ser una unión verdadera de corazón y espíritu; ya que no podemos unirnos en inteligencia, porque cada uno piensa diferente, al menos que estemos unidos por el amor a Dios y el amor como hermanos hijos de un mismo Padre.

No olvidemos que, sin el amor de Dios es imposible llegar a poseer la verdad; sin el amor de Dios se podrá llegar a la verdad filosófica, porque ésta es meramente temporal, pero no a la verdad cristiana, que es vida y es eterna.

El gran San Agustín, Doctor de nuestra Iglesia, tomo esta frase como norma de vida: "En lo necesario, unidad; en lo contingente, libertad; en todo, siempre mucha caridad".

 

 

 

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