La vida de aquellos que confiamos en Jesús tiene que ser un canto, así como el canto del cristiano debe de tener vida.

Desde luego, cada uno de nosotros es libre de elegir el tono que quiere darle a la canción de su vida; bien puede ser el tono triste menor del lamento y la frustración o el tono mayor de la alegría y la esperanza.

Aquellos que eligen el tono apático y triste de la queja: "Que mal estoy", "No puedo soportar esto", este solo se llena de pesimismo, frustración y derrotismo. En todo momento hay que preferir el tono del entusiasmo, de la fe, de la alegría, hay que vivir cantando, desparramando esperanza pues la hay en Cristo Jesús.

Tenemos que proyectar luz y no sombras de tinieblas, lo mas triste que hay es caminar en tinieblas, sin saber donde nos hallamos y hacia donde vamos.

Caminemos por la vida entonando un canto de esperanza, esperanza en aquel que todo lo puede, el Señor Jesús.

 

 

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