La realidad irrumpe con la muerte

La realidad irrumpe con la muerte, eso es certero, la muerte es muerte, el que estaba no está más como yo quiero, eso es contundente e irreversible y trágico y doloroso. ¿Qué digo yo acerca de eso? más iluminado, menos iluminado, más creyente, menos creyente, es una aproximación, es una construcción, ¿qué fin tiene?
No es el de resolver el enigma y el misterio de la muerte que es lo mismo que el de la vida, sino es construirnos el andamiaje para seguir sosteniéndonos y caminar.
Trabajamos interiormente sobre la conciencia de la muerte, es al mismo tiempo una iluminación sobre la vida, porque la muerte nos hace las mismas preguntas que debiera hacernos la vida. Por supuesto que si no está atravesado por la tragedia, las preguntas no se las hacen y la vida transcurre.
La vida y la muerte son una unidad indivisible el problema es que nosotros la separamos virtualmente instalándonos en que la vida nos fue dada, no con la muerte, y un día viene la muerte y se la lleva.
En realidad la vida nos fue dada con la muerte, juntas y no manejamos ninguna de las dos.
El que no se rebela frente a la muerte, entonces tiene un problema que yo creo que es un problema sumamente serio. Quien frente a la muerte no dice nada, no se quiebra, no se mueve, no se rasga, no se desgarra, no se pone en una situación que ya no es más él , y por lo tanto clama sin la lucha para saber qué hacer ahora, entonces ya está muerto , muerto en el sentido; entregado; a que nosotros somos seres de sentido, que sentimos; y lo emocional de lo que sentimos es tan legítimo y válido como lo que razonamos y pensamos.
La sociedad, la gente no saben qué hacer. Ustedes lo saben bien porque hay mucha gente que no saben ni qué decirles en el momento de la tragedia, ni cómo decirles. La gente rápidamente vuelve a su rutina, a sus actividades y después lo incorporan como algo natural, común; y…; te veo y ya está “¿cómo ya está?”, “No está nada”.
Pero ya está para él y no porque sea malo, sino porque hay otra dimensión existencial.
Una vez reconocida la vivencia que no se vuelve atrás en la reversibilidad de la muerte, uno sí vuelve atrás con el espíritu del amor y lo recuperan.
Esto trae consuelo.
Tienes consuelo. No es consuelo. No es compensación ni alivio. Eso es justamente trascendencia y, se abre una nueva dimensión que es así:
Ellos trascienden en nosotros vivos
Nosotros tenemos coincidencia y experiencia que sin amor, no existiríamos en este mundo, porque el amor nos sostiene, el amor queda.
La experiencia de amar y ser amado, inexplicable e intransferible.
Con en el amor se nos va la vida y en el amor se nos da la posibilidad que aún sin vida estemos, presentes, unidos por el
Porque hay una parte de quienes murieron que vive en nosotros
Porque no hubo sólo muerte.
Hubo “vida y amor”. Y eso a uno no lo va a matar. Ya bastante tenemos con lo que pasó con la muerte, para que nosotros sumemos más muerte. También uno a veces no se da cuenta y no tiene conciencia, de cuánta más muerte agrega a la muerte cuando se abandona y entrega. No cuando no sabe qué hacer. No saber es correcto, eso es la vida. No saber qué hacer viene con la tragedia de la muerte.
Entonces, nuestro desafío amoroso es, cómo hacer de esa ausencia una presencia.
Ellos nacen a lo que llamamos la vida eterna
“Yo no lo tengo conmigo más como vos lo ves, pero lo tengo conmigo como yo lo percibo y por lo tanto está”; ése es un acto de Fe.
Y no lo hace Dios, lo hace uno que tiene a Dios en uno y por lo tanto se hace cargo uno de la trascendencia del ser amado.

 

 

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