Dientes de león

"El canto del pájaro" _ A De Mello

Un hombre que se sentía orgullosísimo del césped de su jardín se encontró un buen día con que en dicho césped crecía una gran cantidad de "dientes de león". Y aunque trató por todos los medios de librarse de ellos, no pudo impedir que se convirtieran en una auténtica plaga.

Al fin escribió al ministerio de Agricultura refiriendo todos los intentos que había hecho, y concluía la carta preguntando: "¿Qué puedo hacer?"

Al poco tiempo llegó la respuesta: "Le sugerimos que aprenda a amarlos".

Poco a poco iba quedándose ciego, a pesar que trató de evitarlo por todos los medios. Y cuando las medicinas ya no surtían efecto, tuvo que combatir con todas sus emociones. Yo mismo necesita armarme de valor para decirle: "Te sugiero que aprendas a amar a tu ceguera".

Fue una verdadera lucha. Al principio se resistía a trabar contacto con ella, a decirle una sola palabra. Y cuando, al fin, consiguió hablar con su ceguera, sus palabras eran de enfado y amargura. Pero siguió hablando y, poco a poco, las palabras fueron haciéndose palabras de resignación, de tolerancia y de aceptación..., hasta que un día, para su sorpresa, se hicieron palabras de simpatía... y de amor. Había llegado el momento en que fue capaz de rodear con su brazo a su ceguera y decirle: "Te amo". Y aquel día le ví sonreír de nuevo. Y ¡que sonrisa tan dulce...!

Naturalmente que había perdido la vista para siempre. Pero ¡qué bello se hizo su rostro...! Mucho más bello que antes de que sobreviniera la ceguera.

Historia tierna, hermosa y... real. ¿No nos ocurrió así a nosotros? Fuimos nosotros los que preguntamos, sumidos en la desesperación y el dolor: "¿Qué puedo hacer?" y los que aprendimos que el jardín podía ser hermoso todavía, aún con los "dientes de león". Ya no era el de antes, pero nada es para siempre en la vida, porque la vida misma es en esencia cambio y diversidad.

 

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